sábado, 26 de octubre de 2013

100 años de soledad - Lo que me gustó

Realicé este trabajo como evidencia de la lectura, se los presento ojalá les guste.

Muévanse vacas que la vida es corta

En el cuarto donde siempre era un lunes de Marzo, donde el polvo y las polillas parecían no existir fue donde ocurrieron los pormenores que llevaron a la familia Buendía a su extinción.
José Arcadio Buendía que tenía una gran curiosidad, apoyada por su gran amigo Melquíades; se preguntaba y no se permitía dormir hasta encontrar usos para sus grandes descubrimientos. Ya sea la influencia de la estera voladora en el transporte, de la lupa enorme en la guerra o del hielo en los problemas de la temperatura. Fundó Macondo junto veintiuna personas que lo acompañaron en la travesía para intentar alejarse del recuerdo de Antonio Aguilar que lo atormentaba en las noches, a quien mató luego de una pelea de gallos. Él siempre se preocupó por el progreso y la igualdad de su pueblo, fue el dirigente indiscutible.
Él solo, con ayuda de los instrumentos regalados por Melquiades, realizó el descubrimiento más grande que ocurriría en el pueblo: “La tierra es redonda” le dijo a su familia, nadie lo tomó enserio, sobretodo su esposa Úrsula. Todas sus especulaciones se tomaron como delirios. Los procesos como fundir oro le generaban estupefacción tal como lo haría un niño, desperdiciaba cosas que para la gente del común eran muy valiosas, soñaba todos los días, se dejaba llevar por sus ilusiones  hasta “estrellarse” con la realidad. Luego de estudiar por años los archivos que Melquíades dejó después de su “muerte” cayó en el limbo (por así decirlo, era el lugar de los reflejos infinitos en el espejo), perdía el control al pensar en seguía siendo lunes y  terminó amarrado en un árbol para protección de la familia (ya que era muy fuerte y grande como lo fueron todos los hombres de la familia), la gente parecía haberlo olvidado, y un día antes de su muerte con un misticismo que es común en toda la obra llegó el indígena que huyó por la peste del insomnio diciendo “Vengo al sepelio del rey” y así confirmó lo que todos temían; el día en que José Arcadio Buendía murió llovieron flores amarillas por todo el pueblo, tanto que trancaron las puertas y taparon las carreteras.
La peste del insomnio fue un suceso gracioso. La gente que parecía no importarles el no dormir trabajó sin descanso como hormigas y cumplieron todos los trabajos que tenían acumulados. Luego comenzaron a olvidar el nombre de las cosas, a lo que José Arcadio Buendía encontró una solución parcial que todos aceptaron: Poner un letrero con el nombre a cada cosa, Mesa,  puerta, vaca. Luego ocurría lo gracioso, olvidaban el uso de las cosas y optaron por poner el uso en el letrero: Vaca hay que ordeñarla para obtener leche y la leche se usa para hacer café con leche. Luego, para no infectar a los visitantes los hacían caminar haciendo sonar una campanita “la campanita de los durmientes”  algo que también me pareció gracioso. Un día mientras la peste del  insomnio continuaba llegó un hombre con un sombrero de alas de cuervo, era Melquíades el líder de la tribu de gitanos quien se creía que había muerto por una fiebre en Singapur, miró con gracia los letreros que pusieron los Buendía para poder recordar los objetos de su casa y luego  él curó a todos los habitantes de Macondo de la peste con un líquido parecido al ámbar que sacó de su maletín.
Melquíades era un hombre sabio, un Alquimista trotamundos que descubrió la fórmula de la vida eterna, cuando pereció por la fiebre en Singapur decidió volver porque le molestaba la soledad de la muerte; fue algo muy épico, algo genial, algo que me pareció que pertenecía a su voluntad. Él  siguió repitiendo “Morí por la epidemia en Singapur” (algo así) cuando se le acercaba el día de partir del mundo físico. Fue la primera persona en ser enterrada en Macondo. Luego de muerto,  siguió hablando con José Arcadio Buendía junto al castaño y luego muchos años después con Aureliano Babilonia apareciéndose en la ventana del cuarto donde estuvieron las bacinillas. Melquiades pronosticó la vida de la Familia Buendía en sus pergaminos, codificó sus escritos, los pares de una manera y los impares de otra, en su profecía decía que las familias que estuvieran condenadas a 100 años de soledad no tenían segundas oportunidades en el mundo. Un día cuando llegó el corregidor Apolinar Moscote acompañado de militares al pueblo, José Arcadio Buendía se indignó de que estuviera obligando a la gente a pintar las casas de azul, se dirigió  a su despacho y con seguridad le dijo “aquí la gente pinta la casa como se le dé la gana”. José Arcadio Buendía le permitió que viviera en el pueblo, pero con la condición de que no quisiera cambiar nada y que se fueran los militares, él aceptó y se mudó con su esposa y sus 7 hijas a Macondo. Tiempo después Apolinar logró convencer a la gente a pintar las casas. Años más tarde intentó volver conservador al Coronel Aureliano Buendía pero este en cambió se volvió un liberal que inició la guerra y levantó 32 revoluciones, perdiéndolas todas.
El coronel Aureliano Buendía, fue el segundo hijo de la familia, no me parece necesario relatar su historia pero sí que él se salvó de morir fusilado en el muro del cementerio para morir fusilado por la nostalgia de sus recuerdos,  que tanto había reprimido, en el castaño donde su padre estuvo amarrado cuando llegó un circo a Macondo, el cual le recordó los tiempos en los que venían los gitanos a cobrar por montarse en la alfombra, por quitarse la dentadura postiza y a mostrar los avances que tanto José Arcadio Buendía persiguió durante su vida.
Úrsula cuando se casó con José Arcadio Buendía temía que sus hijos nacieran con cola de cerdo, ya que eran primos, pero no fue así. Luego tuvo la idea de que el ensimismamiento y la inmunidad que tenían ante las tragedias que tenían sus hijos eran la cola de cerdo que el mito mencionaba y que ella había visto cuando una tía suya que se casó con un sobrino tuvo un hijo con cola de cerdo que luego un carnicero cortó ocasionándole la muerte. Pero ella mencionaba el que tiempo daba vueltas ya que volvía a ver a los hombres encerrados en el cuarto con los instrumentos de alquimia y hablando solos y se podría usar como metáfora de las vueltas de la cola de un marrano.

Macondo era una ciudad que le debía su apariencia a su lejanía con el mundo exterior. Cada vez que alguien o algo llegaban, dependiendo de su actualidad y su ambición, causaba su deterioro: La llegada de la religión, de la ideología política (y la guerra consigo), la llegada de una compañía que intentó industrializarla (y la masacre de 3000 habitantes, por la cual llovió 4 años seguidos) fueron los acontecimientos que le quitaron su belleza y la dejaron vuelta en un sitio en donde el tren ya ni siquiera paraba, donde la gente no sabía su historia, llena de desigualdades, peleas de gallos, casas pintadas obligadamente y un aire desolador.

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